
La envidia es un sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea en bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas tangibles e intangibles. La RAE la ha definido como tristeza o pesar del bien ajeno, o como deseo de algo que no se posee.
Aristóteles definió la envidia como el dolor ante la visión de la buena fortuna de otro, provocado por “aquellos que tienen lo que nosotros debemos tener”. Bertrand Russell dijo que la envidia era una de las causas más potentes de la infelicidad. Investigaciones recientes consideraron las condiciones bajo las cuales ocurre, cómo la aborda la gente y si puede inspirar a la gente a emular a aquellos a quienes envidian.
Reflexión: si los Celos están en relación con ser el centro de atención en sí , y con su miedo de perder este centro de atención, la envidia es el dolor de no tener lo que otros tienen pues en su vacío cree que los otros no lo merecen y nosotros sí.
Algunos idiomas, como el neerlandés, distinguen entre «envidia benigna» (benijden en neerlandés) y «envidia maliciosa» (afgunst), lo que apunta a la posibilidad de que existan dos subtipos de envidia.
La envidia maliciosa es una emoción desagradable que surge de la comparación y el resentimiento. Hace que la persona envidiosa quiera derribar a los más acomodados, incluso a su propia costa. No solo se desea lo que otra persona posee, sino que además se quiere que lo pierda o fracase. Este tipo de envidia viene acompañada de emociones como la frustración, la ira y la hostilidad, por lo que suele generar conductas destructivas que dañan tanto las relaciones como el bienestar de la persona envidiosa.
La envidia benigna o sana, como también se le conoce, se caracteriza por la admiración y el deseo de mejorar uno mismo. Implica el reconocimiento de que otros están mejor, pero hace que la persona aspire a ser igual de buena, sin desear daño al otro, por lo que suele fomentar estados como la motivación y el respeto. Esta forma de envidia puede favorecer el aprendizaje, el desarrollo personal e incluso fortalecer las relaciones ya que no inspira rivalidad.
No obstante, existe cierta discusión sobre si los subtipos deben ser vistos como formas distintas de envidia. Algunos argumentan que las tendencias de acción (para dañar la posición de otra persona en el caso de la envidia maliciosa y para mejorar la posición propia en el caso de la envidia benigna) no son factores que definen la emoción, mientras que otros piensan que las tendencias de acción son una parte integral de una emoción. Algunos psicólogos plantean que la envidia benigna o sana sería simplemente envidia, liberada del peso de emociones negativas como la ira, la frustración y la hostilidad. Básicamente, es una envidia que no ha alcanzado una valencia emocional negativa.
Por otra parte, una investigación longitudinal a gran escala sobre la envidia y sus consecuencias en la que se analizó a 18.000 personas concluyó que la envidia en general se asocia con un empeoramiento de la salud mental y el bienestar. Dicho estudio no respaldó la idea de que la envidia pueda ser un motivador útil.
REFLEXIÓN: La base de la envidia es la comparación dualista de la mente, al no valorar lo que somos, ni lo que el ser nos ha bendecido, no tenemos esa gratitud hacia el ser, y por eso nos tornamos hacia afuera, un mundo externo en donde todo es comparación e imitación.
Es Verdad que al principio no nos queda más Remedio que tratar de imitar virtudes que vemos en los demás, pero esto solo es un bastón, como una ayuda a la esencia que vea el valor interno del ser, que la misma virtud que otra persona tiene, también lo tenemos nosotros en potencia si desintegramos esa comparación dualista.
Cuando decimos virtud ( es ese valor interno que Podemos percibir en los demás) , lamentablemente las personas de hoy en día solo ven PERSONALIDAD, y sus valores falsos y son a estos los que quieren imitar: como se viste, el trabajo, si tiene mucha intelectualidad, si habla bien, si tiene dinero y familia, y esto también se puede expandir incluso al ámbito espiritual , recordemos a CAIFAS con su envidia mesiánica , y su mala voluntad hacia el cristo, es por eso que debemos meditar profundamente.
La envidia según la Mesa de los pecados capitales de Jheronimus Bosch. En la imagen un burgués intenta seducir a la mujer de otro (un mercader) mientras que este, sosteniendo un hueso en la mano, mira a un halcón que tiene un hombre en la calle. Más abajo, dos perros que tienen un hueso cada uno, miran el que tiene el burgués en la mano. Y para finalizar un hombre está robando el comercio en el que sucede la acción.
REFLEXIÓN: En este cuadro del artista Bosch, vemos como la Envidia siempre está en relación con lo que tienen los demás y nuestra atención se olvida de lo que ya tenemos .es un deseo de acumulación y posesión que como ya sabemos en la gnosis tiene una raíz de sexual .
LA ENVIDIA PARA EL CRISTIANISMO
La envidia es considerada por la Iglesia católica como un pecado capital porque genera otros pecados; el término «capital» no se refiere a la magnitud del pecado sino a que da origen a muchos otros pecados y rompe con el amor al prójimo que proclama Jesús.
San Gregorio Magno (*ca. 540 en Roma – †12 de marzo de 604), fue el sexagésimo cuarto Papa de la Iglesia católica; fue quien seleccionó los siete pecados capitales, y se mantuvo por la mayoría de los teólogos de la Edad Media.
Para Santo Tomás de Aquino, la envidia es «tristeza del bien de otro».
Dante Alighieri en el poema de El Purgatorio, define la envidia como «Amor por los propios bienes pervertido al deseo de privar a otros de los suyos.» El castigo para los envidiosos es el de cerrar sus ojos y cocerlos con alambres de hierro, porque habían recibido placer al ver a otros caer.[18] En la Edad Media el famoso cazador de brujas, el cardenal Peter Binsfeld le atribuyó a la envidia el demonio llamado Leviatán, un demonio marino y que era solo controlado por Dios.
Reflexión La envidia origina muchos otros yoes, como un deseo-raíz, genera de si muchos otros yoes, muchos de estos relacionados con la mala voluntad.
La envidia en el psicoanálisis
La envidia, a los ojos del psicoanálisis, es una sed insaciable por aquello que le pertenece a otra persona. Funciona como un veneno silencioso que marchita la alegría propia y ciega al individuo ante los tesoros que ya posee. Más allá del sufrimiento silencioso de quien la padece, la envidia levanta una barrera invisible pero infranqueable: se convierte en el mayor enemigo de la conexión humana, enmudeciendo los afectos más nobles y silenciando para siempre las palabras de amor, la ternura y el más simple de los agradecimientos.
La envidia es un sentimiento enojoso contra otra persona que posee o goza de algo deseado por el individuo envidioso, quien tiene el impulso de quitárselo o dañarlo. A diferencia de los celos, que comprenden un vínculo de por lo menos tres personas, la envidia se da de a dos. La persona envidiosa es insaciable porque su envidia proviene de su interior y por eso nunca puede quedar satisfecha, ya que siempre encontrará otro en quien centrarse.
Primera definición – Tristeza o pesar del bien ajeno.
De acuerdo con la primera definición, la envidia es sentir tristeza o pesar por el bien ajeno. De acuerdo con esta definición lo que no le agrada al envidioso no es tanto algún objeto en particular que un tercero pueda tener sino la felicidad en ese otro. Entendida de esta manera, es posible concluir que la envidia es la madre del resentimiento, un sentimiento que no busca que a uno le vaya mejor, sino que al otro le vaya peor.
Segunda definición – Emulación, deseo de algo que no se posee.
De acuerdo con la segunda de las acepciones, la envidia se puede encuadrar dentro de la emulación o deseo de poseer algo que otro posee. Siendo en este caso que lo envidiado no es un sujeto sino un objeto material o intelectual. Por lo tanto, en esta segunda acepción la base de la envidia sería el sentimiento de desagrado por no tener algo y además de eso el afán de poseer ese algo. Esto puede llegar a implicar el deseo de privar de ese algo al otro en el caso de que el objeto en disputa sea el único disponible.
Una tercera posibilidad para comprender lo que la envidia implica sería la combinación de las dos acepciones mencionadas anteriormente. Cualquiera sea el caso, la envidia es un sentimiento que nunca produce nada positivo en el que lo padece sino una insalvable amargura.
COMENTARIO: Si el objeto de envidia, una persona o un objeto, siempre estará en relación con algo que nos falta, algo por lo que no somos Felices, y creemos que al obtenerlo seremos Felices, esa es la retórica de este deseo que nos mantiene envueltos en la rueda del Samsara.
Para poder comprender este defecto, debemos practicar la compasión y le simpatía consciente. Reconocer que el Tesoro de la luz está dentro de nosotros, el Ser y todas sus partes, con el reino de los cielos, está dentro de nosotros. Pero no emulando valores externos entendemos esto, solo imitando los valores del Cristo, seremos imitatus para luego ser Adeptus: Hijos de nuestras propias obras…
Algo que nace del absoluto dentro de nosotros, y nos toca, no es creado, es la auto-gnosis del ser. No fue preconcebido, ni pensado, solo fue llegando a nosotros en la inmanencia del silencio de nuestra alma que reposa en la serenidad perfecta del padre.
Si Adán y Eva cometieron el pecado original de la lujuria, comiendo del árbol del conocimiento del bien y del mal.
Cain y Abel, representan el pecado original de la Envidia. Cain, celoso y envidioso de Abel, decide matarlo. Cain representa el fuego de la envidia, un fuego que ya es lujurioso, y Abel es el alma, la esencia que todavía anhela al Dios, al Ser.
Si Adán y Eva al morder la manzana de la fornicación, sintieron placer, Caín, sintió dolor al morder la manzana de la envidia. Pues este es desterrado de la paz interior del ser.
Por: Alejandro Perez

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