
La última cena
“Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con ustedes esta pascua antes que padezca! Porque les digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios”. (Lc. 22:14-16).
“Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: esto es mi cuerpo, que por ustedes es dado; hagan esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: esta copa es el nuevo pacto en mi sangre que por ustedes se derrama”. (Lc. 22:19-20).
El Presidente fundador de las instituciones gnósticas, explica en su libro: “El Matrimonio Perfecto”, que: La Última Cena es una ceremonia mágica de inmenso poder. Algo muy similar a la arcaica ceremonia de la Hermandad de la Sangre. La tradición de esta hermandad dice que si dos o más personas mezclan su sangre entre una copa y luego beben de ella, quedan hermanados eternamente por la sangre. Los vehículos astrales de estas personas se asocian entonces íntimamente para toda la eternidad. El pueblo hebreo atribuye a la sangre características de un tipo muy especial. La Última Cena fue una ceremonia de sangre. Los apóstoles trajeron cada uno entre su copa, gotas de su propia sangre, y vaciaron estas gotas entre el cáliz del Cristo Jesús. En ese cáliz el Adorable había echado también su sangre real. Así, entre el Santo Graal, se mezcló la sangre del Cristo Jesús con la sangre de sus discípulos.
Cuenta la tradición, que Jesús también les dio a comer a sus discípulos, partículas infinitesimales de su propia carne. “Y tomando el pan, habiendo dado gracias, lo partió, y les dio diciendo: “este es Mi Cuerpo, que por vosotros es dado: haced esto en memoria de Mí”. “Así mismo también el vaso, después que hubo cenado diciendo: este paso es el nuevo pacto en mi Sangre, que por vosotros se derrama”. Así se firmó el pacto. Todo pacto se firma con sangre. El Astral del Cristo Jesús quedó asociado, unido a sus discípulos y a toda la humanidad, por el pacto de sangre. El Adorable es el Salvador del mundo. Esta ceremonia de sangre es tan antigua como el infinito. Todos los grandes Avataras la han verificado desde los antiguos tiempos. El Gran Señor de la Atlántida también realizó la Última Cena con sus discípulos.
Esta ceremonia de sangre no fue improvisada por el Divino Maestro. Esta es una ceremonia arcaica antiquísima, la ceremonia de sangre de los grandes Avataras. Toda Unción Gnóstica, sea cual quiera el culto o creencia, secta o religión, está asociada, unida íntimamente a la Última Cena del Adorable, por el pacto de sangre. La Santa Iglesia Gnóstica Cristiana Primitiva, a la cual nosotros tenemos la dicha de pertenecer, conserva en secreto los rituales primitivos que usaron los apóstoles. Estos fueron los rituales de los cristianos que se reunieron en las catacumbas de Roma durante la época del Cesar Nerón. Estos son los rituales de los esenios, casta humilde de grandes Iniciados entre los que se contaba el Cristo Jesús. Estos son los rituales primitivos de los antiguos cristianos.
El lavatorio de pies y las palabras gnósticas del adorable
Las Sagradas Escrituras narran que después de la Santa Cena, el Señor procedió al lavatorio de pies. El Avatar de la Era de Acuario, Samael Aun Weor, en su obra: «Los Misterios Mayores«, explica que: el lavatorio pertenece al chacra prostático (la Iglesia de Esmirna), nadie podrá llegar al monte de la Transfiguración, sin haber pasado por el lavatorio. En las líneas de los pies están escritas nuestras pasadas reencarnaciones. El Cristo nos lava los pies con las aguas seminales. El chacra prostático ejerce control sobre las vesículas seminales; El lavatorio simboliza lavar, desintegrar las maldades y lacras del pasado, con él quedamos limpios y puros.

En la Última cena, el Señor deja también testimonio de la necesidad de la Gnosis, del conocimiento de sí, para alcanzar la salvación: “si me conocieran, también a mi Padre conocerían; y desde ahora le conocen y le han visto. Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre y nos basta. Jesús le dijo: ¿tanto tiempo hace que estoy con ustedes, y no me han conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?” (Jn. 14:7-9).
“El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni lo conoce; pero ustedes le conocen, porque mora con ustedes está en ustedes”. (Jn. 14:17). “En aquel día ustedes conocerán que yo estoy en mi Padre, y ustedes en mí, y yo en ustedes”. (Jn. 14:20). “Mas para que el mundo conozca que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago. Levántense, vamos de aquí”. (Jn.14:31). “Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste”. (Jn. 17:25).
El papel de los apóstoles
En la cena, el Divino Redentor del mundo, da las últimas instrucciones a sus discípulos. Conforme a los papeles que cada quien debe representar en el Drama Cósmico ordena a Pedro que lo niegue tres veces, antes de que el gallo cante dos veces. “De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces”. (Mr. 14: 30). También en la cena ordena a Judas que vaya a ultimar detalles para entregarlo. Acción que ocurrirá posteriormente en el huerto de Getsemaní. “Entonces Jesús le dijo: lo que vas a hacer, hazlo más pronto”. La Divina Gnosis de todos los tiempos, enseña que Judas Iscariote no fue un traidor, sino que simplemente cumplió órdenes precisas de su Maestro.
Ya en el Monte de los Olivos, el divino redentor del mundo nos lega su maravillosa oración para aprender a aceptar lo inevitable: “Padre mío, si es posible pasa de mi este cáliz, mas no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

Después de este pasaje, viene una nueva enseñanza relacionada con el despertar, al encontrar a sus discípulos con la conciencia dormida. “Vino luego y los halló durmiendo; y dijo a Pedro: Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar una hora? Velen y oren, para que no entren en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. Otra vez fue y oró, diciendo las mismas cosas. Al volver, otra vez los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño; y no sabían que responder”.
Es claro que aquellos que pertenecen a los tipos 1, 2 y 3 de cristianos, creen que los discípulos se acostaron a dormir, buscaron quizá un leño, una roca para reposar sus cabezas. Pero no: estaban con el cuerpo físico despierto, quizá charlando, pero con la conciencia dormida, como todos los habitantes del reino en el cuento de la Bella Durmiente del Bosque. Y Jesús, un hombre despierto, ve, como el príncipe del cuento que todos están durmiendo.
Los ojos cargados de sueño, se observan en los dormidos, cuya mirada parece la de autómatas, de zombis; cuya mente está en cualquier lugar, menos dentro del cuerpo de los dormidos, quienes se encuentran mentalmente en el pasado o en el futuro, menos en el presente. Comparen la mirada de cualquier adulto, con la mirada de un niño de menos de dos años, con la mirada de un animal al acecho: un perro o un gato por ejemplo. Y comprenderá el profundo significado de los ojos cargados de sueño.
El arresto de Jesús
“Luego, hablando él aún, vino Judas, que era uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los escribas y de los ancianos”. (Mrc. 14:43). Al momento de la captura del Señor, intervienen sacerdotes, escribas y ancianos.

El esoterismo gnóstico explica que los sacerdotes de las religiones de los hombres número 1, 2 y 3 no creen en el Cristo íntimo, no le comprenden, ni lo aceptan. Por lo tanto lo rechazan y condenan. Los escribas, son los bribones del intelecto, que no llevan a la práctica sus teorías y por lo tanto no comprenden y no son capaces de encontrar la verdad que los haría libres. Los ancianos, la gente con experiencia, tampoco es capaz de comprender el mensaje revolucionario del Cristo íntimo y no están dispuestos a sacudirse de sus viejas creencias y de sus prejuicios.
Cerramos esta entrada comentando un pasaje singular que se narra en el Evangelio de Juan. Ahí se narra que al momento de preguntar por él para prenderle, en Jesús se manifestó su Real Ser Interior Profundo, muy grande, poderoso e incomprensible para sus captores. “Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron en tierra”.

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